7.26.2009

De mi boca


Estamos en una casa grande, inmensa y gélida como un iceberg. El techo es tan alto que sobre los hombros de estas personas -que no conozco- no podría alcanzarlo. Puertas blancas esconden el interior de habitaciones que recorremos en busca de algún sentido. Sentido consentido. Entonces camino, camino sin ruta clara, tropiezo con camas antiguas, estructuras metálicas que habrán cobijado cuantos centurientos amores y pienso que tienen sábanas modernas, así que bien puedo tenderme en ellas. Después de todo no sé qué buscamos. Me tiendo, observo el techo tan alto como las estrellas en campo abierto, estoy mareada tanto caminar por esta casa gigante sin ventanas ni salidas, sólo puertas de piezas en continuos pasillos interminables... necesito descansar. Después de todo, las frazadas son modernas. Aún así, estoy acostada con desconfianza, miro el techo; ahora me arrullo con insistencia, miro el piso; ya está, restriego un pie contra otro, esta cama es mía. Pero la náusea no me abandona. Intempestivamente pequeñas hordas comienzan a atestar mi boca, sólo puedo revolcarme para no evidenciar la tragedia, la vergüenza, el terror. Una amiga abre la puerta dice algo dice cosas no consigo escuchar me concentro en parecer normal siento que se abrirán mis labios y saldrán seres dañinos inexplicables y dañinos da igual porque ella cierra la puerta y me deja entre desconocidos. Ya así, reviso con mis dedos, el techo es tan alto. Son diminutas redondelas blancas. Volteo la cabeza hacia la izquierda, y dejo que caigan sobre la alfombra gastada. Me olvido de ellas durante una hora, en la que veo ir y venir a mi amiga de allá para acá. Observo el techo: asfixiantemente lejano. Observo la puerta... blanca. Miro el piso. los círculos blancos crecen. Me volteo hacia ese costado y mi nariz casi llega al suelo; y siguen creciendo hasta hacerse del porte de una uva. Son estructuras blancas y redondas. ¡Entonces la más bella revelación!
Salen cristales de mi boca.
Si no salen, algo los transforma. Pero debemos cerciorárnos de que no son granos de azúcar bien cuajados para engañarme. De que no son montones de sal; que no escocerán mis esperanzas. Cristales salen de mi boca. Debo dejar la cama de inmediato, esconderlos, ocultarlos, que ningún desconocido los robe, que nadie los mire, que pueden transformarlos en sal, azúcar, polvo. No tengo más valores que éstos que salen entre mis labios. Caminamos por los pasillos interminables y sí, lo confirmamos: son diamantes.
Desconcierto. Parece que nunca alcanzaré el techo. Tengo frío, incetidumbre, las manos heladas y la cabeza caliente. Despierto.

3 comments:

Nicole said...

estoy más convencida de que era pisco souer en hielitos

sabes que ya no quiero ir mas a tomar pisco souer ahí, las dos ultimas veces me han caido pesimo
algo debe echarle la amy

Fernanda said...

si los diamantes eran pisco sour en cubitos, la casa de techo alto era baires... obvio

besos querida rrrrrrrrayén

Unknown said...

Tenemos que encontrar otro bar de pisco sour entonces, porque demás que Amy winehouse que nos decía nou nou nou a cada rato, le echó algo.
Yo quedé tomando agüita de toronjil =(
Besos cabras!